Que no te importe…
De qué color son las personas.
De qué religión, equipo deportivo...
Mucho menos, de qué partido político!
O cuántos ceros a la derecha hay en su bolsillo.
Si cumplen o no con el estándar de belleza física.
Ni su “orientación” sexual.
Que no te importen ninguna de las tantas etiquetas –absurdas- que por “costumbre” llegan a convertirse en reglas indiscutibles.
Nunca ignores la verdadera esencia humana: lo que está en su alma…
Asegúrate de llenar tu vida de personas que te inspiren a expresar lo mejor de ti, a superarte…
Y, al menos intenta, significar lo mismo para ellas.

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