¡Qué curioso!
En ambos extremos de nuestra vida carecemos de vergüenza.
Ni cuando somos niños ni cuando somos ancianos tenemos "sentido del ridículo"
Y es entre esas edades que transcurre la mayor parte de nuestra vida! Limitándonos, dejándonos limitar y limitando a los demás con el "sentido del ridículo"... cuando en realidad desearíamos estar en los zapatos de aquéllos que disfrutan la vida con oídos sordos ante el "¿qué dirán?".

Meneame
del.icio.us








